Marta Lora-Tamayo Vallvé, nueva académica correspondiente

19 de mayo de 2026

La nueva académica correspondiente reivindica la participación ciudadana como una exigencia moral, social y democrática

La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras celebró en la tarde del martes 19 de mayo de 2026 el acto de toma de posesión como académica correspondiente en Madrid de la Dra. Marta Lora-Tamayo Vallvé, catedrática de Derecho Administrativo de la UNED, quien pronunció el discurso de ingreso titulado «Participación ciudadana: fundamentos, desafíos y espacios de encuentro».


El acto, celebrado en la sede de la corporación contó con la presentación de Ignacio Jiménez Soto, director de la Cátedra de Estudios e Investigación en Derecho del Deporte, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Granada y académico correspondiente de la institución.

Marta Lora-Tamayo inició su intervención con palabras de profundo agradecimiento y emoción por su incorporación a una institución que, señaló, «custodia y fomenta un patrimonio único: el encuentro fecundo de las ciencias, las artes y las letras». La nueva académica recordó además la influencia intelectual y humana de su abuelo y de su tío Emilio Lora-Tamayo, de quienes heredó «el afán por saber y por transmitir como una forma única de estar en el mundo», entendiendo la vocación universitaria como «un enorme privilegio, pero también como un gran deber con la sociedad».

La conferenciante explicó que su trayectoria investigadora en ámbitos como el derecho urbanístico, el medio ambiente o el derecho local la ha llevado progresivamente hacia el estudio de la participación ciudadana, una cuestión que quiso abordar desde una perspectiva mucho más amplia que la puramente jurídica. «No quiere ser un discurso jurídico al uso», afirmó, al tiempo que defendió una aproximación histórica, multidisciplinar y comparada que permitiera reflexionar sobre «qué sostiene la participación, de dónde brota su fuerza y su atractivo».

Durante su intervención, Lora-Tamayo advirtió del creciente distanciamiento entre ciudadanía e instituciones, recordando que organismos como el Consejo de Europa llevan tiempo alertando de esta realidad. Frente a ello, sostuvo que la participación «deja de ser un ideal abstracto» para convertirse en «una necesidad estructural de la democracia contemporánea». En este sentido, subrayó que la participación no puede reducirse a un mero mecanismo accesorio o a un «postureo democrático», sino que constituye «una condición de posibilidad de la justicia espacial y social».

La nueva académica realizó un amplio recorrido por los fundamentos teológicos, antropológicos, filosóficos y jurídicos de la participación, apoyándose en referencias que abarcaron desde la tradición judeocristiana y la Doctrina Social de la Iglesia hasta pensadores contemporáneos como Heidegger, Hannah Arendt, Habermas o Joseph Ratzinger. Según explicó, el ser humano «no es un individuo aislado, sino un ser llamado a la relación», de modo que la participación nace de esa dimensión relacional y comunitaria de la persona.

La ponente se detuvo igualmente en modelos culturales y tradiciones de pueblos originarios de América Latina y África, destacando conceptos como el Buen Vivir o el Ubuntu, resumido este último en la idea de que «yo soy porque nosotros somos». A su juicio, estas visiones ofrecen claves para «volver a humanizar nuestras instituciones y reconstruir lo común» en una época marcada por el individualismo, la posverdad y el debilitamiento de los vínculos sociales.

En otro de los momentos centrales de su discurso, Lora-Tamayo defendió que la participación no debe entenderse únicamente como un derecho, sino también como una responsabilidad compartida orientada al bien común. Citando el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, recordó que participar implica «discernimiento, compromiso y acción», y que allí donde la participación es auténtica «la sociedad deja de ser una pura estructura de poder para convertirse en una comunidad de personas libres y responsables».

La académica subrayó además la importancia de generar «espacios de encuentro» capaces de transformar el «ser-con» en «hacer-con» y «razonar-con», reivindicando ámbitos físicos, urbanos y rurales donde la pluralidad pueda convertirse en diálogo. En este contexto, situó a las Reales Academias como lugares privilegiados para reconstruir lo común desde la razón, la palabra y la comunidad, especialmente en tiempos de polarización y fragmentación social. El acto finalizó con la imposición de la medalla académica y la entrega del diploma acreditativo a la nueva académica correspondiente por parte del presidente de la Academia San Dionisio, Juan Salido Freyre.

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