Eduardo Millán y su «habitación verde»

21 de abril de 2026

El pintor jerezano profundizó en su proceso creativo

La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras celebró en la tarde del martes 21 de abril de 2026 la tercera y última sesión de su Ciclo Arte Contemporáneo con la conferencia «La habitación verde», impartida por el pintor jerezano Eduardo Millán Sañudo, una de las figuras más sólidas y singulares del panorama artístico actual. El acto, desarrollado en la sede académica, contó con la presentación del académico de número y vicepresidente de Arte, Bernardo Palomo Pachón.

 

Palomo ofreció una introducción cargada de sensibilidad y conocimiento, en la que situó al artista como un creador capaz de captar «la esencia del tiempo» desde una pintura sin prisas, dominada con la precisión de quien conoce profundamente su oficio. En su evocación de ese espacio íntimo que da título a la conferencia, describió una estancia donde «se concentra toda la vida del artista», un lugar habitado por obras en proceso, libros, recuerdos y hallazgos, en el que la pintura no detiene el tiempo, sino que lo ralentiza para hacerlo perceptible. Allí, entre mesas repletas de materiales, puertas que esconden fragmentos de existencia y una luz tamizada que define la realidad, se construye una obra que aspira a la verdad.


Ya en su intervención, Eduardo Millán comenzó reconociendo la dificultad que le supone hablar en público, aunque asumía el compromiso «fundamentalmente por el cariño» hacia quien lo presentaba, y con el propósito de explicar las claves de su trabajo. La conferencia partió de su experiencia personal en el estudio, ese espacio al que denomina «la habitación verde», núcleo de su proceso creativo y lugar al que siempre regresa, incluso cuando trabaja en otras estancias. Allí reflexiona sobre las obras terminadas e inacabadas, y comparte momentos de diálogo con otros artistas.

El pintor explicó cómo, a partir de 2019, su mirada experimenta un giro decisivo: de los paisajes urbanos hacia el exterior, pasa progresivamente a interesarse por los interiores de su propio estudio. Este cambio responde a una necesidad de explorar la intimidad del espacio vivido, intensificada durante el periodo de confinamiento, cuando la falta de motivos exteriores le llevó a centrarse en el autorretrato y, posteriormente, en la relación emocional con su entorno más cercano. Ese tránsito de lo exterior a lo interior marca una de las claves de su obra reciente.


Millán se definió como un pintor «objetivo», comprometido con la realidad, aunque consciente de su carácter inabarcable. En ese sentido, defendió que la pintura no debe aspirar a una reproducción total, sino a una exploración sincera de los fenómenos físicos que la constituyen. Su trabajo se apoya en una mirada afinada, en la que la diferencia radica, como en el cine, en la forma de observar: todos comparten herramientas, pero es la mirada la que define al artista.

A lo largo de su intervención, profundizó en los aspectos técnicos de su proceso, como el uso de la perspectiva curvilínea, que le permitió durante años captar con precisión el entorno, aun asumiendo las distorsiones que este sistema genera. También abordó su interés por la luz, las proporciones y la metodología como herramientas necesarias para enfrentarse a la complejidad de la naturaleza, así como la importancia de la paciencia y la constancia en la construcción de cada obra.


En un momento especialmente significativo, el artista reflexionó sobre el papel de la pintura en la actualidad, subrayando la necesidad de reivindicar lo humano en un contexto marcado por el avance de la tecnología. Consideró esencial preservar aquello que pertenece a la experiencia humana —los errores, los arrepentimientos, los procesos— como parte fundamental de la creación artística, elementos que, lejos de restar valor, enriquecen la obra y la dotan de autenticidad.

La conferencia recorrió también distintas etapas de su producción reciente, desde los grandes paisajes urbanos hasta los bodegones y autorretratos, cada vez más sutiles y velados, en los que la figura humana se diluye para dar paso a una experiencia más abierta, en la que el espectador se convierte en partícipe. En este sentido, defendió una concepción del arte libre de etiquetas, donde el realismo convive con influencias diversas y donde lo importante no es tanto el lenguaje como la capacidad de emocionar y comunicar.


La sesión concluyó con una reflexión sobre la belleza, entendida como un valor atemporal que trasciende épocas y estilos, capaz de conectar al espectador contemporáneo con manifestaciones artísticas de cualquier periodo histórico. El acto lo cerró Francisco Antonio García Romero, vicepresidente de Letras de la corporación y se puso el broche final a un ciclo que ha permitido acercar al público distintas miradas sobre la creación contemporánea, reafirmando el compromiso de la Real Academia de San Dionisio con la difusión del arte y el pensamiento en nuestra sociedad.

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